La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) es un conjunto de trastornos crónicos que afectan al aparato digestivo, causando inflamación, dolor, diarrea y pérdida de peso. Entre las formas más comunes de EII se encuentran la enfermedad de Crohn, la Colitis Ulcerosa y la Colitis Inespecífica, que se diferencian por la localización y el tipo de inflamación.
El manejo dietético de la EII tiene como objetivos mejorar el estado nutricional, prevenir o corregir las deficiencias de nutrientes, reducir los síntomas y las complicaciones, y favorecer la remisión de la enfermedad. No existe una dieta única para todos los pacientes con EII, sino que se debe adaptar a las características individuales, el grado de actividad, la tolerancia y las preferencias de cada persona.
En general, se recomienda una dieta equilibrada, variada y suficiente, que aporte todos los nutrientes necesarios para el buen funcionamiento del organismo. Algunas pautas generales son:
– Evitar los alimentos que puedan irritar o dañar la mucosa intestinal, como los picantes, los ácidos, el alcohol o el tabaco.
– Limitar el consumo de alimentos que puedan aumentar la producción de gases, como las legumbres, las coles, la cebolla o los refrescos.
– Moderar el consumo de alimentos ricos en fibra insoluble, como los cereales integrales, las frutas con piel o las verduras crudas, ya que pueden acelerar el tránsito intestinal y provocar diarrea. Se puede optar por alimentos con fibra soluble, como la avena, el arroz, la manzana o la zanahoria cocida, que ayudan a regular el tránsito y a formar el bolo fecal.
– Asegurar una buena hidratación, bebiendo al menos 2 litros de agua al día o más si hay diarrea o fiebre.
– Fraccionar la dieta en varias tomas al día (5 o 6), evitando comidas copiosas o muy espaciadas.
– Evitar las frituras o los empanizados, y optar por técnicas culinarias más suaves, como el hervido, el vapor, el asado o la plancha.
– En caso de intolerancia a la lactosa, se puede sustituir la leche por bebidas vegetales enriquecidas en calcio o por leche sin lactosa. Los yogures y los quesos suelen tolerarse mejor porque contienen menos lactosa.
– En caso de déficit de hierro, se puede aumentar el consumo de alimentos ricos en este mineral, como las carnes rojas magras, el pescado azul, los huevos o los frutos secos. También se puede potenciar su absorción combinándolos con alimentos ricos en vitamina C, como los cítricos, el kiwi o el pimiento.
– En caso de déficit de calcio, se puede aumentar el consumo de alimentos ricos en este mineral, como los lácteos, las sardinas en lata, los frutos secos o las verduras de hoja verde. También se puede evitar su pérdida reduciendo el consumo de sal, café o alcohol.
– En caso de déficit de vitamina B12 o ácido fólico, se puede aumentar el consumo de alimentos ricos en estas vitaminas, como las carnes rojas magras, el hígado, los huevos o las legumbres.
En algunos casos especiales, se puede recurrir a la nutrición enteral o parenteral para asegurar un aporte adecuado de nutrientes y energía. La nutrición enteral consiste en administrar una fórmula líquida especializada por vía oral o mediante una sonda. La nutrición parenteral consiste en administrar una solución intravenosa con todos los nutrientes necesarios.
